jueves, 5 de junio de 2008

Sueños Compartidos XI


Podría esplicaros la historia del nacimienrto de este sueño, comentaros los motivos por los que una noche, durante una de esas Deliciosas conversaciones al calor de la luz Lunar, nació este sueño de nuestras manos, de nuestros pensamientos y tiempo después fue creciendo en mi cabeza hasta formar esta historia extraña cuya primera parte os enseño. Pero prefiero que imagineis ese nacimiento, que soñeis con la posibilida de que no creasemos nosotros ese sueño, sino que en verdad alguien lo cuidase y lo alimentase para entragarnoslo furtivamente para nuestro disfrute.


Pastora de Sueños


Se perdió en su habitación. Alice estaba harta de discutir, de intentar hacerse escuchar. Llevaba demasiado tiempo gritando, luchando y enfrentándose a todo el mundo. ¿Acaso no se daban cuenta de que tenía razón? Ella comprendía que los niños no entendieran su mensaje. Que, perdidos en su mundo de fantasía, perdieran esa noción de la realidad que les ayudaría a comprender el peligro que se cernía sobre todos. ¿Pero los “mayores”? Siempre los oía soñar con sus batallitas, esas que no se atrevían a vivir en el mundo real. Al principio, cuando descubrió el secreto de Nadie, pensó que enseguida divulgarían la noticia y que, cual reguero de pólvora, correría de boca en boca, de sueño en sueño y derrotarían sus intenciones.

Llevaba apenas dos años en la granja, cuando lo descubrió. Ella se dedicaba a pastorear los rebaños, a cuidarlos desde que nacían, como una pequeña idea, hasta que crecían, alimentándose de experiencias, de imágenes del día a día y por supuesto, de miles de palabras que eran su principal fuente de alimento. Por supuesto, como en todos los rebaños, alguna de sus crías, se desviaba, se llenaba de miedos, rencores, falsas ideas y vanas esperanzas. Estas anomalías eran muy difíciles de detectar y muchas se escapaban, salían al mundo y se colaban en la noche de la persona a la que estaban destinadas, como una dolorosa pesadilla. Como habréis deducido, Alice era una pastora de sueños. ¿Sabéis cuando os decían que contarais ovejas para dormir? Pues ella se encargaba de pastorear esos rebaños, responsables de guiar los sueños de las personas hasta las cabeceras de sus camas. Los cuidaba, los guiaba y los seleccionaba para que crecieran con las mejores características e incluso, a veces, había conseguido tan buenos resultados que alguno de sus sueños se había hecho realidad.

Un día, mientras encerraba al rebaño en el establo, una sombra se cernió a su corazón. Su acostumbrada alegría se ensombreció y apagó. Sintió que perdía poco a poco la esperanza y los sueños no paraban de berrear mientras se apiñaban, asustados, intentando protegerse de tal desesperanza. Alice, sacando fuerzas de flaqueza se plantó entre la sombra y el rebaño, abriendo los brazos en cruz e intentando proteger con su cuerpo a todos los sueños que estaban a su cuidado. Estaba dispuesta a entregar su vida, si era necesario, para evitar la corrupción de sus sueños.

De entre la sombra apareció un hombre, muy alto, con un traje negro, con corbata gris y un sombrero también negro. En su mano derecha llevaba un puro muy grueso, del que salía flotando un humo espeso y gris que formaba aros a su alrededor, como una especie de barrera que lo envolvía todo poco a poco. Unos dientes apagados, grisáceos, enmarcados por unos labios agrietados y finos, formaban una siniestra sonrisa, que discordaba con la expresión de su cara y sus ojos.

- ¡Hola niña! Llevo mucho tiempo buscándote y por fin me he cruzado contigo. Supongo que aunque no me conozcas, habrás oído a alguien, de tu granja o de alguna otra, hablar de mí. Pero por si acaso, me presento: soy el Sr. Nadie.

- Ho…- empezó a decir Alice, dando un paso hacia atrás.

- No perdamos el tiempo. Ya sabes quien soy y yo te conozco de sobra. Vengo a proponerte un trato, algo que nos beneficiará a los dos. Sé que llevas poco tiempo trabajando en la granja y sé que tienes una habilidad asombrosa para cuidar de los sueños y los haces crecer sanos y fuertes. También sé, que todos los que vivimos en este mundo, envidiamos y añoramos la sensación de poseer sueños propios.

Nos dedicamos por completo a cuidar de los sueños de los demás. Los alimentamos y los educamos para que sus dueños los disfruten y gocen de ellos y con suerte, los hagan realidad. Si uno de esos sueños se malogra y se torna pesadilla sin que lo detectemos, además nos culpan de haber sufrido esa pérdida y no admiten que se ha contaminado por culpa de sus devaneos y sus malos pensamientos.

¿Nunca te has preguntado que se hace con las pesadillas que se detectan? Sabes que viene un camión, donde lo encierran en la jaula y desaparecen con el. Pues esos sueños se pierden, se desechan, se apartan y se ignoran, amontonados hasta que desaparecen. En eso consiste el trato que te propongo. Como conozco tu habilidad para criarlos como nadie y además que detectas una pesadilla mucho tiempo antes de que empiece a gestarse, te pido que en vez de avisar al Estado, me avises a mí.- Sacó una tarjeta de cartulina gris, con unas letras carmesíes con su nombre y su teléfono únicamente. Extendiendo el brazo hacia Alice la instó a cogerla con un extraño y diabólico brillo en los ojos – Cógela niña y yo me encargaré de limpiar esos sueños, de dominarlos y convertirlos en dóciles corderitos que tu y yo podremos disfrutar.

Alice titubeó un instante. ¿De verdad se podrían recuperar esos pobres sueños malogrados? Y además, ella que siempre había deseado soñar. ¿Podría tener alguno, sólo para ella? Se acabaría el pasearse por los sueños de las personas, dejando en sus mentes el vago recuerdo de su furtiva y anónima visita. Las personas, al despertar, apenas recordaban su rostro borroso y distorsionado. La mayoría de las veces, incluso la confundían con alguien a quien conocían y en sus recuerdos cambiaban su cara por la de esta persona. Siempre lo había deseado, pero sabía que estaba mal, esos sueños no eran suyos, ellos sólo los cuidaban.

Un impulso la sacó de sus pensamientos y la liberó del tentador embrujo de Nadie. Algo no era normal, eso no eran más que patrañas para intentar robar sueños. Recordó que había oído en alguna ocasión, comentar a una anciana de una granja vecina, sobre la existencia de un antiguo pastor. Este personaje, obsesionado por el deseo de poseer sueños propios, había descuidado su trabajo. Intentaba averiguar, cómo convencer a los sueños para que le pertenecieran y esas investigaciones sólo conseguían que estos se evadieran de la realidad, se trastornaran y se volvieran pesadillas. El Estado se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde, porque no denunciaba estos cambios y los encerraba en un sótano donde seguía investigando cómo domesticarlos. Empezó a encerrarse con ellos en el sótano, donde los trataba para cambiarlos, enseñarles que sólo tenían un cometido, servirle para siempre. El resto de su rebaño se perdió, cayó en el olvido y desapareció, provocando una tremenda pérdida de sueños y fantasías, que derivó en que muchas personas sufrieran depresión y algunos niños perdieran la inocencia y la ilusión. El estado lo descubrió, porque también había olvidado sus tareas administrativas y por la ausencia de nuevos sueños, creados mediante el cruce de las diferentes especies (principal cometido de la Feria Anual de granjas). Así que, tras investigar los esquivos movimientos de ese pastor, fueron a visitarlo a la granja y lo apresaron, atraparon a todas las pesadillas que tenía recluidas en el sótano. Nunca más se supo de el.

No entendía el motivo, pero este recuerdo acudió a su mente de forma vívida en el momento en el que había declinado la invitación de Nadie. Así que aferrándose al asco que le produjo escuchar aquella historia y a la repulsa que sintió hacia un ser tan depravado. Empujó a su rebaño hacia el establo y se encerró rápidamente con ellos. Un fuerte viento comenzó a azotar entonces el establo, la puerta se balanceaba nerviosa, golpeando y amenazando con salirse de los goznes, las contraventanas de madera comenzaron a tabletear de forma furiosa. Alice se acurrucó junto a su rebaño intentando abarcarlos a todos con su cuerpo y calmarlos con sus palabras.

- Tranquilos, mis corderitos. Aquí no puede entrar... Este es nuestro hogar.

De la misma manera repentina como había aparecido, el viento desapareció. Se llevó consigo esa sensación de ahogo que Nadie había cernido sobre Alice y las esperanzas y la alegría volvieron a todo el rebaño. Pero no a Alice. Ella continuaba asustada y esa sensación, ahora, no nacía del exterior, sino que se formaba en lo más profundo de su ser por el miedo que le daba la certeza de haber descubierto que Nadie era ese asqueroso y malvado pastor de sueños de la leyenda.

Alice comenzó, desde entonces, su cruzada para alertar a todos sobre la amenaza de Nadie. Lo intentó primero con sus compañeros de granja. Algunos conocían la historia, pero se la tomaban como una simple fábula para aleccionar a los jóvenes y a los novatos sobre la importancia de no descuidar su trabajo. En la Feria Anual de Granjas intentó encontrar a la anciana que le había contado la historia, pero hacía tiempo que había dejado el mundo de los sueños. También intentó propagar la noticia contándola en los círculos de pastores que se reunían para comentar las novedades, pero lo único que consiguió con ello fue despertar más risas que preocupación y nadie la tomaba en serio por culpa de su juventud y por lo extravagante de su historia.


Hastiada y decidida a cambiar esta situación tomó la única medida que creía posible que llegara a buen fin. Se dispuso a divulgar la noticia dirigiéndose directamente a las posibles victimas de las maldades de Nadie. Así, cada atardecer, después de encerrar su rebaño en el establo, después de cenar un poco de pan con queso y un vaso de leche, se acostaba en su cama hecha de nubes y se adentraba en los sueños de las personas.

2 comentarios:

Arkana dijo...

Oí hablar de esa pastora hace tiempo, aunque en la historia que yo conocía aparecía un creador de sueños. Él se sentaba bajo los árboles a conversar con la pastora y sus palabras se iban tornando esponjosas nubes que terminaban convertidas en sueños. Me parece recordar que incluso, disimuladamente, le regalaba alguno a la pastora, para que pudiera soñarlo, ya que ella había inspirado su creación.
Precioso, de verdad... No dejes nunca de soñar, dormido o despierto, no importa, pero no lo dejes nunca.

Un beso cargado de sueños!

El Hombre de la Baraja de la Derrota dijo...

lindo texto me gusto mucho tu blog
te mando mis saludos y respetos
te dejo con toda modestia la invitacion para que recorras mi espacio