
A veces, sólo a veces una respiración lejana, un susurro en la mente hace que los sueños se enciendan que el calor del cuerpo pase a las manos y que los dedos viajen por las teclas sin control, automáticamente dejando su huella en las páginas con palabras encendidas, alteradas y soñadoras que evocan fantasías de viajes esperados, deseados y mil veces soñados...
Viaje en tren
Son la 8:30 y está lloviendo como si Noé hubiese acabado de construir su Arca. Además yo tengo la suerte de disfrutar de esta lluvia torrencial ya que no tengo nada mejor que hacer que estar en la calle corriendo hacia la estación de tren. Cargado con mi mochila llena de ropa y mi cámara de fotos. No es que me moleste mucho la lluvia, pero es que hoy hace daño al caer. Es de esas veces que llueve después de haber estado acumulando agua durante meses y de verdad que cae a conciencia. Por lo menos ya estoy cerca de un techo en el que refugiarme, unos metros y entraré en la estación.
No es una de esas estaciones inmensas en las que confluyen un montón de vías y no paras de ver gente pululando y acarreando su vida en pequeñas maletas de aquí para allá. Es una estación de pueblo, pequeñita en la que apenas hay sitio para las máquinas expendedoras un par de taquillas y las barras de acceso. El edificio es antiguo y la fachada es de hace dos siglos. Lo mejor es que, cuando entras, es como una especie de túnel a otro mundo, está poco iluminada y la mayor parte de los sonidos que llenan el ambiente proceden del pequeño bar que se encuentra en una nave anexa, construida hace poco, para que los viajeros tuviesen un sitio donde esperar. Al picar el billete y pasar las barras, cambias de ambiente y la luz del exterior te inunda, desde el andén mirando más allá de las únicas 4 vías que hay se encuentra el Mar e incluso esperando en los bancos del andén, si cierras los ojos y te concentras, oyes el sonido de las olas. No se si es porque soy mediterráneo o porque nací a una calle de aquí, pero es mi estación favorita y siempre la escojo cuando voy a hacer un viaje especial como este.
Espero pacientemente debajo del porche a que los altavoces de la estación insinúen que se acerca mi tren, llevan tantos años parloteando que creo que no necesitan que nadie hable por el micrófono del otro extremo. “Tariro, riro riro, riro riro” por la hora y el último “riro” intuyo que se refieren a mi tren, así que cojo mis bártulos y me preparo para salir corriendo en cuanto se pare y abra las puertas.
Uffff!, por fin dentro. A partir de ahora ya no me preocupo por la lluvia de fuera, ya estoy a salvo dentro del vagón del tren de cercanías que me llevará a mi primer destino. Voy al final del recorrido, donde haré una parada de un día recorriendo el bonito pueblo pesquero, para al día siguiente coger otro transporte que me lleve a los Pirineos. Mar y Montaña para hacer un buen reportaje fotográfico.
Como suelo hacer, siempre que viajo solo, llevo un libro y mi mp3 con los que me aíslo casi completamente del entorno. Casi siempre el madrugón vence a las ganas de leer y acabo cerrando los ojos y adentrándome en la música. Con los ojos cerrados y recostado en el asiento, puedes casi adivinar el tiempo ya que en cuanto abandonamos la nube la luz del sol, que empieza a coger fuerza en el este, traspasa mis parpados y me inunda la retina de un intenso color naranja. Hay que echar mano a las gafas de sol para poder relajarse al menos. Durante este lapsus, miro por la ventanilla a los pescadores que esperan pacientemente en las rocas con sus cañas inmóviles, parece que lleven toda la vida ahí esperando sentados a que el sedal les diga que ya pueden tirar de el.
Vuelvo a la oscuridad mientras suena “Depeche Mode” en mi cabeza y gracias al vaivén del tren entro en un estado de relajación que me lleva a quedarme totalmente dormido, ajeno a lo que pase a mi alrededor.
Después de lo que creo que han sido unos minutos, un olor delicioso me libera del sopor y me devuelve a la realidad. Con los ojos todavía cerrados me dedico a analizar el perfume que me envuelve. Cuando consigo recuperar la capacidad de análisis intento separar los diferentes tonos del aroma y descubro un fuerte olor a jazmín acompañado de sutiles gotas de otras flores que refuerzan el aroma principal, si mi olfato no me engaña, diría que se trata de un perfume de Cacharel “Anaïs Anaïs”, pero hay un toque final que no logro distinguir y que debe ser el dulce olor de la piel de la mujer que lo lleva.
Abro los ojos por fin y casi doy un bote en el asiento al ver a la dueña de ese perfume. Está sentada justo delante mío en un vagón casi vacío y me mira fijamente. No estoy muy acostumbrado a que se sienten a mi alrededor a no ser que el vagón este repleto de gente. No es que ocupe todos los asientos, pero digamos que no visto con pantalones de pinzas, polo Burberry’s y unos Martinelli’s. Casi siempre todos solemos prejuzgar a las demás personas por su aspecto físico y en mi caso siempre salgo perdiendo. A pesar de mi costumbre a distraerme divagando, los ojos que acompañan al perfume me vuelven a la realidad del vagón, me siento realmente incómodo, a pesar de estar protegido por las gafas de sol, noto cómo su mirada elimina todas mis barreras e intenta averiguar más. Disimuladamente recorro el rostro que acompaña a esos ojos profundos y descubro a una mujer muy atractiva. No es una muñequita de revista de moda de esas que parecen androides clonados, pero sus rasgos producen una atracción que evita que pase desapercibida. Su pelo negro y abundante enmarca unos rasgos sensuales, me detengo en su boca de labios carnosos y entreabiertos, creo que llevo una eternidad admirando sus labios tras mis gafas de sol cuando la mano del revisor me zarandea pidiéndome el billete, lo saco del bolsillo y se lo paso sin apartar los ojos de mi acompañante.
Este pequeño lapsus me hace plantear si no se me notará ese ensimismamiento y recupero un poco la compostura. Ella sigue mirándome, pero no quisiera hacer el ridículo por culpa de mi desbordada imaginación. Apoyo el brazo en la ventanilla y la cabeza en la mano adoptando una posición distraída, pero sin dejar de mirar a la dama que acapara mi atención. Sigo mi recorrido y descubro su cuello y sus hombros, gracias a que aún no se ha ido el verano los hombres podemos disfrutar de las camisetas de tirantes y de los cuerpos que casi no se pueden ocultar tras ellas. Descendiendo descubro unos pechos bien proporcionados y que desafían a la gravedad, supongo que será a causa de los avances de la cirugía, pero si se consiguen estos resultados no me extraña que tengan tanto éxito. Creo que me he puesto colorado al mirar sus pechos, porque al notar el calor en mis mejillas he vuelto a mirar su cara estaba sonriendo. Dios mío que vergüenza!! Tengo que escapar de este bochorno!! Cojo mi bolsa y me levanto para ir al lavabo. Antes siempre dejaba las cosas al lado del asiento, pero después de la desaparición de otra mochila mi pequeño paquete de vida no se separa de mi nunca.
En el lavabo me mojo la cara y la cabeza, cómo puedo ser tan descarado?? Seguro que piensa que soy un Freaky salido, de esos que leen Manga erótico y no salen de su casa todo el día masturbándose con pelis porno. Menuda imagen, si ahora aparezco con la cara mojada además pensará que he tenido que bajar el calentón!!. Casi mejor me quedo encerrado en el lavabo durante todo el viaje, voy al final así que cuando el tren se quede parado un rato podré salir.
Después de auto flagelarme mentalmente durante un rato, decido salir y enfrentarme a los hechos, posiblemente sólo se lo ha tomado como un piropo, una mujer así debe estar acostumbrada a que la miren. Puedo sentarme y cerrar los ojos, así no volverá a pasar y pronto dejará de tener la importancia que yo le doy.
Hecho un manojo de nervios envalentonado abro la puerta del lavabo y el corazón me da un vuelco cuando descubro que ella está justo delante de mí. Agacho la cabeza e intento salir lo más rápido posible, pero su mano me sujeta por el pecho y me empuja de nuevo hacia dentro. Cierra la puerta detrás suyo y los dos nos encajamos en ese estrecho habitáculo, nuestros cuerpos están pegados el uno frente al otro y no para de mirarme a los ojos, nuestras respiraciones se entrecruzan en el escaso espacio que existe entre su boca y la mía. Intento hablar pero en cuanto voy a abrir los labios ella los sella con un beso. Creo que me voy a desmayar el corazón me va a mil y el contacto con su labios carnosos no hace más que acelerarme más.
Cuando está segura de que me ha dejado totalmente KO, pasa sus brazos a mi espalda rodeándome y acerca su boca a mi oreja. Siento su voz susurrándome al oído.-“Tranquilo, se lo que has pensado ahí fuera. Tus pensamientos han activado mi mente y mi cuerpo. No creas que esto es muy normal para mí, pero necesito sentirte”.- No doy crédito, sus dientes se cierran en el lóbulo de mi oreja y sus pechos se aprietan, si es posible, cada vez más, contra mi pecho. Un escalofrío recorre mi espalda cuando su lengua baja de mi oreja a mi cuello. No puedo reaccionar, ella controla totalmente la situación y yo sólo me dejo llevar, mis manos están apoyadas en la pequeña encimera del mini lavabo y las suyas abandonan mi espalda para dirigirse a mi cinturón. El clip rápido del cinturón y las dos tallas de más de pantalón que suelo llevar facilitan que, en dos segundos, esté en calzoncillos y atrapado. La erección es innegable y su mano la agarra rápidamente sin ni siquiera tener que bajar la vista. Al sentir su mano doy un respingo de sorpresa y ella emite un gemido de satisfacción y triunfo. Al contrario de lo que yo esperaba (un polvo salvaje y rápido en un lavabo de tren) mi dama se toma su tiempo, me acaricia y me recorre el cuerpo lentamente, me quita la camiseta y me descubre cada poro de mi piel con la yema de sus dedos y después con su lengua. Cada vez estoy más excitado y su respiración aumenta cada vez más de ritmo. Después de unos infinitos momentos de placer, provocados por sus caricias, me abraza fuertemente con una mano y con la otra desabrocha su pantalón de lino blanco dejando a la vista un tanga minúsculo. Miro hacia abajo y veo las formas de su culo, deseo estrujarlo entre mis dedos, pero estoy totalmente dominado y guiado por sus deseos. Noto como saca mi excitación por la bragueta del bóxer y después de apartar su tanga la introduce entre sus piernas. Noto su humedad, eso me hace enloquecer, se ha puesto así de caliente con sólo acariciar y besar mi cuerpo. Sin salir de mi locura siento el abrazo de sus piernas empapándome y haciendo que mi pulso alcance un ritmo bestial. Cuando creo que voy a explotar noto su mano que agarra mi erección y la dirige directamente a su sexo, después me agarra las dos manos y me atrae hacia la puerta del lavabo, a escasos 20cm de donde estábamos, la levanto cogiéndola del culo y ella cruza sus piernas alrededor de mi cuerpo. Su espalda se apoya en la puerta y con un movimiento de caderas nos unimos en una penetración que si no es por un beso abría oído todo el vagón.
Comenzamos un movimiento lento y rítmico, ayudados por el vaivén del tren, nuestros cuerpos están fundidos en sudor y placer, nuestras bocas no paran de buscarse y morderse. No tengo ninguna prisa en que esto acabe ni busco eyacular como en muchas otras relaciones, disfruto de cada segundo en que estoy dentro de ella, gozándola y dándole placer. Ella me lo agradece con sus movimientos, sus gemidos, sus besos y sus mordiscos. Con una mirada los dos aumentamos el ritmo y nuestros cuerpos empiezan a aumentar la temperatura y el placer. Me noto a punto de estallar y como mi amante se convulsiona de placer. Después de una eterna carrera rítmica de placer alcanzamos un orgasmo caluroso, sudoroso y muy húmedo. Siento mi pubis empapado en su flujo y todo mi orgasmo en su interior.
Nos quedamos así unidos en la penetración besándonos con amor si separar nuestros labios y nuestras lenguas. Podría morir ahora mismo y quedarme hasta la eternidad fundido a ella, cuando una fuerte sacudida me saca de mi sueño.
Estoy sentado en el vagón semivacío, con el brazo apoyado en la ventanilla y la cabeza en la mano, la dueña del perfume sensual ya no está delante de mí, debe haberse bajado hace un rato. Recupero la dignidad y el calor de mis mejillas disminuye al mismo ritmo que mi erección. Al colocarme en el asiento descubro un papel que cae de mi regazo, lo despliego y en él hay dibujada una media Luna y al lado junto a un beso de carmín una dirección de e-mail.


