domingo, 20 de abril de 2008

Sueños compartidos...

Es mi primera entrada en este mundo, y quiero que sea eterno. Siempre me ha gustado compartir mis sueños con miles de personas y puede que con suerte vivir en ellos eternamente. Así que os entregaré mis sueños los desnudaré y los vestiré de colores para vivirlos de nuevo.


ESTUDIANTE.

Sin ganas, pero concienciada, inca los codos fuertemente en la mesa, por enésima vez. Ante un tomo inmenso. Un compendio de palabras, datos e ideas de toda la historia humana (algo que le atraía en un principio y que años después ha acabado haciendo de forma automática). Una fuerza irrefrenable la obliga a pegar sus sienes a sus puños cerrados y centrar la vista en las páginas amarillentas. Por unos momentos su vista se nubla ante la presencia de tantas palabras, así que cierra un momento los ojos para relajarlos antes de comenzar a absorber todos esos datos.

Tenía un gran plan trazado. Debía leerse ese gran compendio de ideas en un par de días así que decidió emplear las técnicas de lectura rápida aprendidas durante años y años de estudio. Así que como la que mejor le funcionaba era la lectura en diagonal pensó que con ella solucionaría su problema de tiempo y conseguiría si meta y, quien sabe. Puede que le sobrase tiempo para salir un poco con sus amigos y relajar su mente para el día siguiente.

Abrió los ojos, dispuesta a enfrentarse a esa ardua tarea y decidida a recoger sólo los nombres, las fechas y los hechos relevantes recogidos en ese gran tomo. Dirigió su vista a la primara palabra, de la primera línea, de la primera hoja, y viendo que no correspondía con las pautas de análisis del método de la lectura en diagonal, pasó a la segunda palabra de la siguiente línea. De repente, desobedeciendo a su intención, su vista se negó a saltar de línea y continuó leyendo la segunda, la tercera y la cuarta palabra… ¿Qué estaba pasando? Asustada quiso alejarse y apartar la vista del libro, pero una fuerza invisible le sujetaba la cabeza, pegando sus sienes a sus puños cerrados, ni siquiera podía abrir las manos y liberarlas de esa presión. No pudo cerrar los ojos y tampoco dejar de leer. Sus ojos recorrían el texto extraño sin poder evitarlo y ese montón de datos se grababan en su memoria como nunca antes le había pasado. Las páginas pasaban velozmente sin que ella las tocase, nada más leer la última palabra, de forma automática, un extraño viento pasaba a la siguiente.

Sus ojos se veían obligados a recorrer las páginas desde principio a fin y una de las veces que llegó al borde de una de las páginas observó, por el rabillo del ojo, cómo de entre las páginas salían unos hilos de tinta. Al principio no pudo distinguir de qué se trataba, pero en sucesivas pasadas, descubrió que las palabras del libro se habían unido formando finas cadenas y que reptaban poco a poco hacia sus brazos enredándose en ellos y ligándola más aún a esa obligada y frenética lectura.

Un acceso de pánico la invadió, cómo era posible todo aquello? Quien la había mandado la lectura de ese libro? Acaso quien se lo mandó lo sabía y quería castigarla?? Estaba aterrada pero aún así no podía parar de leer, Notó que todo a su alrededor se volvía amarillento, envejecido y ceniciento, como las páginas del tomo que la tenía atada a su lectura. Cada vez se encontraba más cansada, los ojos le escocían y notaba la sequedad causada por no poder parpadear. La piel de sus brazos empezó a escocerle. Las cadenas de palabras se estrechaban cada vez más alrededor de sus brazos y además del entumecimiento notaba la sangre palpitando en sus brazos y transmitiendo ese continuo bombeo a sus sienes, presionadas por sus puños.

Una intensa rabia empezó a crecer en su interior. No podía dejarse dominar por esas ideas, no quería ser dominada. No por un simple libro. Así que haciendo un tremendo esfuerzo, empezó a negarse a asimilar las nuevas ideas. Su mente empezó a recurrir a los recuerdos dulces para sustituir todo lo aprendido, todo lo que ese maldito tomo le había obligado a memorizar.

Poco a poco sintió que el abrazo de las cadenas formadas por las palabras iba disminuyendo, los brazos dejaron de dolerle y sintió cómo la sangre volvía a circular con normalidad. En un acceso de furia, tiró fuertemente de su brazo derecho. Cientos de palabras salieron disparadas en todas direcciones al romperse las cadenas y un montón de manchurrones de tinta salpicaron los sitios donde se estrellaron las palabras rotas.

Un esfuerzo más, un golpe de rabia más y consiguió liberar el brazo izquierdo con idéntico resultado, y así poco a poco, de forma costosa, como luchando contra el viento se fue liberando de la prisión de palabras que la había tenido absorta durante no sabía cuanto tiempo.

Al conseguir levantarse de la silla de la biblioteca, el libro dio un pequeño salto en la mesa y emitiendo un terrible y lastimero quejido se cerró. Ella se apartó, sin apartar la mirada de el y no era una mirada de miedo, su mirada reflejaba la rabia y el desprecio. Había aprendido mucho, no las cosas que había escritas en ese viejo y asqueroso tomo, había aprendido la importancia de sus recuerdos, de los momentos vividos y de las experiencias compartidas durante todo su vida.

Con una mirada y un gesto de desprecio se dio media vuelta y salió caminando, sin miedo, sin prisas, con una renovada seguridad de la sala, dejando en soledad, la eterna soledad que siempre acompañaría a ese viejo libro.

No hay comentarios: