miércoles, 7 de mayo de 2008

Sueños compartidos VIII

Seguro que todos hemos sentido alguna vez la intensa sensación de observar sin ser observados, de disfrutar intensamente de ese anonimato que nos da la distancia y sin embargo sintiéndonos tan cerca de la persona observada que incluso con suerte podemos sentir los olores y los sonidos que la rodean. Y desde lejos nos sentimos parte de su vida sin permiso, sin consentimiento pero robando pequeños momentos de esa persona que llega a ser especial...

Un Capuccino

Un capuccino, en vaso pequeño, con aroma de vainilla. En el lateral del vaso de papel blanco hay escrito con rotulador negro “Mª José”. Eso es lo que siempre pide la chica de mis sueños.

Desde mi rincón preferido observo cómo se dirige al pequeño mostrador donde se encuentran las varillas para mover el azúcar y los diferentes tipos de aderezos que ofrece esta cafetería. Ella siempre abre la tapa del vaso y echa dos sobres de azúcar de caña, después, encima de la crema del capuccino, siempre espolvorea un toquecito de nuez moscada. Vainilla, café y nuez moscada, a mi mente acude el recuerdo de estos tres aromas entremezclados con su imagen, también intensa y dulce.

Cada día a estas horas la cafetería está casi vacía y ella siempre se suele sentar en el mismo sillón, uno violeta y con pinta de muy cómodo que queda en perfecta diagonal con el que yo ocupo y que me permite observar a distancia su belleza. Su pelo moreno largo y ondulado descansa cariñoso sobre sus hombros, con un gesto acostumbrado su dedos lo apartan de su cara y lo sujetan detrás de su oreja ayudándome a observar su rostro y su gestos cotidianos que la hacen tan especial. Dejando el vaso sobre la mesita, abre el maletín que tiene al lado y saca su ordenador portátil. Esta cafetería tiene conexión Wi-Fi y muchas personas que trabajan por los alrededores vienen a hacer tiempo y hasta negocios aquí de forma tranquila. La observo cómo con mirada concentrada espera a que el ordenador se encienda y una vez que el fondo de escritorio, un cartel de la película “Corpse Bride” y los iconos se muestran, dirige su puntero, como cada día, al icono de Outlook. Todas las mañanas comprueba la bandeja de entrada de su correo, hay mañanas que lo cierra inmediatamente, pero a veces una de las negritas que aparecen, hacen que una ligera excitación recorra su rostro iluminando sus ojos oscuros y haciendo que olvide su entorno y se adentre en la lectura de los mensajes.

Mientras lee los mensajes nuevos va moviendo su capuccino con una de esas cañitas verdes que tienen aquí, normalmente casi todo el mundo utilizamos unos palitos de madera largos que tienen en vez de cucharas, pero ella siempre coge una cañita que después de haber utilizado para mover el azúcar en su bebida mordisquea de forma nerviosa. No puedo dejar de mirarla, su rostro iluminado por el reflejo de la pantalla del portátil y por la ligera alegría que le transmite el mensaje que está leyendo, una sonrisa se dibuja en su cara y un ligero rubor decora sus mejillas, le encanta que la sorprendan con historias intercaladas en medio de los mensajes laborales diarios.

Después de leer los mensajes, con la sonrisa sin irse de su boca, se dispone a contestar a las palabras que la han saludado en la mañana, viendo con que pasión escribe me encantaría ser el destinatario de esos mensajes y conservar sus ideas atesoradas en mi mente. Una ves acabado el mensaje y enviado de reclina en el sillón, cierra los ojos y respira profundamente, al abrir los ojos su rostro se ha liberado y aparece relajada y libre de presiones, es como si sólo con ese pequeño instante hubiese alcanzado un estado de paz increíble y a partir de entonces comience una nueva etapa del día. Relajada va bebiendo poco a poco de su capuccino saboreando y disfrutando de la mezcla de sabores. Cuando el liquido toca sus labios también cierra los ojos, como queriendo reforzar con ese acto el estado de tranquilidad. Si por un momento mis labios pudiesen tocar los suyos, los dos con los ojos cerrados sólo transmitiéndonos paz a través de un beso eterno.

Siempre acabo pensando lo mismo y me sorprendo a mi mismo cerrando los ojos e imaginándome el tacto de su boca en la mía y la una sensación de paz al notar el calor de su cuerpo envolverme. Imagino sus manos cogiendo las mías y cómo sus dedos recorren mis palmas dibujando líneas interminables y anunciándome sus dulces caricias. Con un suspiro de excitación abro los ojos y como cada día ella ya no está sentada en el sillón y como cada día me pregunto si todo ha sido real o sólo ha sido un sueño provocado por los aromas que se mezclan en el ambiente y que invaden mis pensamientos.

4 comentarios:

Naked dijo...

Si es un sueño... que bien sabes crearlo... si es una realidad... que bien sabes expresarlo.

Un beso dulce.

M.M.S dijo...

Qué bien lo expresa naked,
eso es querido, si es cierto o no, es adorable soñar con un rostro, una sonrisa, un cabello suave y sobre todo con algo que no se olvida nunca, una mezcla de aromas dulces y picante, café, vainilla, nuez moscada ....y deseo. Umhmmmm, encantadora mezcla.
Desde aquí me llega la necesidad de tomar un capuccino.
A tu salud.

Luni dijo...

Jo... que bueno el capuccino. Creo que probaré hacerme uno como lo relatas solo por la sensación de olores... me pierden.

Besitos.
Muám

Arkana dijo...

Debo recordarte que en cierto rincón cercano a ése me prometiste un sofá (no uno cualquiera, sino ESE sofá...)?

Tus capuccinos dan para soñar durante horas... qué me dices de los tés con canela? No digo más, sólo que hace un rato me he preparado uno y su olor y su sabor me han transportado a lugares de ensueño.

Esperando que las horas se conviertan en minutos hasta que volvamos a vernos, para que pasen bien deprisa, y deseando que, entonces, los minutos se alarguen hasta transformarse en horas. Días de 24 horas con 60 horas dentro de cada una, recuerdas?

Un beso con sabor a canela (no sería el primero).