viernes, 25 de abril de 2008

Sueños compartidos V


La tarde del 23 de abril caminaba de camino a mi Madriguera. Venía de intentar conseguir dinero (ese Amo despreciable e infiel que nos obligan a obedecer) y durante el paseo no paraba de ver puestos en los que se vendían rosas y me cruzaba con personas que portaban una rosa envuelta en papel de celofán, con un par de espigas. De repente sin apenas pensarlo, una historia se fue formando en mi cabeza, puede que rompa con las tradiciones de mi "país" al negar el protagonismo de San Jorge pero porqué debemos creer esa tradición y no cualquier otra?

Familia de Rosas.

Recuerdo una historia que me contaron hace mucho tiempo. En un país del este, en el tiempo en que las historias no se escribían y que se transmitían generación tras generación, había una familia formada únicamente por mujeres. Ninguna había estado casada pero siempre encontraban la manera de que su familia continuase y transmitir la herencia de madres a hijas.

Eran conocidas por todos los habitantes de la ciudad en que vivían y algunos incluso las temían tachándolas de brujas y endemoniadas por su singularidad y porque practicaban la medicina. Habían ayudado siempre a todo el mundo que se lo había pedido sin cobrar nada por ello y vivían de comerciar con el pobre resultado de la granja donde habían vivido desde tiempos remotos.

Cuentan que siempre que una de las niñas de esa familia llegaba a la edad adulta, se ausentaba durante tres años y después de este período volvía con su madre a la casa de la familia y continuaban con su vida de forma normal, como cada día hasta entonces. No tenían mucha relación con las personas de la ciudad, apenas salían de su granja salvo para ir al mercado y vender sus productos o en la celebración del solsticio en la que todos los ciudadanos se juntaban para celebrar la creación de la primera casa de la ciudad con el esqueleto de un dragón.

Como en todos los lugares, donde hay personas que se comportan de manera inusual, había un montón de leyendas, mitos y hechos fantásticos que se atribuían a esta familia de mujeres. Uno de los que más llamó mi atención era el que explicaba la razón de esta ausencia de tres años y el porqué sólo se relacionaban con el resto del pueblo una vez al año.

Se decía que estas mujeres, al llegar a la edad adulta, adquirían un extraño poder que a su vez era la maldición que les hacía comportarse de esa manera tan aislada. Contaban que durante esos tres años un terrible cambio les ocurría a las niñas y que es su brazo derecho les salía una especie de marca de nacimiento en la piel. Esta marca, apenas visible días después del solsticio, se iba definiendo acentuando sus formas y resaltando a lo largo del año que transcurría hacia el siguiente solsticio. Esta marca, que según contaban los pocos que aseguraban haberla visto, tenía forma de rosa. Una rosa con un capullo cerrado y cuyo tallo, plagado de espinas, se enroscaba alrededor de su brazo hasta el codo.

Parece ser que un día antes del solsticio, unos dolores terribles les hacían palpitar la marca y su piel se tornaba roja y ardiente. Así, la misma noche del solsticio, como si de una floración se tratase, la marca de en la palma de su mano se habría y de ella salía una hermosa y olorosa rosa roja como la sangre. Esa misma noche, durante las fiestas y el baile, siempre caminaban entre las gentes y los hombres no podían evitar girarse y mirarlas embobados atraídos y embelesados por la fragancia de esa flor. Dicen que esa noche, ese efecto respondía a la necesidad de perpetuar su familia, así que estaban obligadas a seducir a un hombre, atraerlo y conseguir que las poseyera para ser fecundadas con su semilla. A este hombre debían entregarle la rosa como única prenda que arrancaban de su piel con gran sufrimiento, tirando poco a poco y resistiendo los desgarros que les causaban las espinas al desplazarse en su interior. Esa noche era la decisiva en sus vidas, esa noche se aseguraban la continuación de su familia y la perpetuación de su familia, de su tradición y también de esa terrible maldición.

Se creía que si en esa noche, el destino, el miedo al dolor o la negación de su destino les impedía ser fecundadas por un barón les sería imposible desprenderse de la rosa y con ella se marchitarían y morirían sin remedio. Si cumplían con su misión a los nueve meses nacía una niña, dulce y bella, con la piel rosada y los ojos grandes y verdes como su madre y su abuela. Así la familia continuaba con sus costumbres y aisladas sin que el padre de las chicas recordase nada gracias al hechizo del aroma de la rosa.

A veces, los secretos sólo son secretos y las historias sólo historias pero no sería maravilloso que algunas fuesen verdad?

3 comentarios:

Naked dijo...

Me quedo embelesada leyendo tus sueños... seguramente muchas de esas historias sean realidad...

No dejes de soñar, nunca.

Kuss

Luzbel dijo...

Seguramente, alguien tuvo que inventarse las que hoy damos por hechos reales. Damos por sentado muchas leyendas sin pruebas de ellas sólo por la cantidad de tiempo que llevan transmitiéndose.

Puede que podamos hacer una nueva mitología.

Encantado de recibirte en mi madriguera.

Clip dijo...

Me gusta tu madriguera, llena de sueños y leyendas un oasis del pensamiento
un abrazo